domingo 3 de abril de 2011

Mirada. II

Se trata de una cajita roja que escondí bajo mi cama una noche de verano, con el objetivo de que nadie supiera qué guardaba en su interior. Sólo podía abrirla una pequeña y delicada llave que jamás a lo largo de mi turbulenta vida había visto. La caja se decoraba con cuatro esquinas doradas y, en el centro, un grabado angelical que representaba lo que en otro tiempo sería bendito y que, hoy en día, es motivo de cautiverio libidinal. Hoy, 3 de Abril de 1926, haciendo cinco décadas de mi genial idea de jugar al escondite con los recuerdo de aquel joven sorpresivo; recuerdo lo escondido. Llave. Inexistentes. Ahora, abandonado y envejecido sólo queda pensar que, alguien, años después de que mi cuerpo deje escapar el alma que encierra, encuentre mis recuerdo. Recuerdos que, en manos de alguna mirada ausente, se evaporarán distantes de lo que pudo ser. Mirada que, al contemplar atónita el pasado cálido y vacío, llenarán de lágrimas al intentar crear un pasado que creerá lleno de vida, ilusión y sentimiento. Pasado que, como pasado que fué, pasó encerrado en aquella cajita roja con miedo a ser liberado por las manos carceleras que intentaron esconderla para no despertar el miedo que, pensando inmenso, escondió la libertad.
Ahora, desdibuja el recuerdo que quiso ser vida.